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12º Domingo del Tiempo Ordinario

Por lo regular, cuando una persona está en problemas serios, tiende a sentirse sin rumbo y perdida. Estar en medio de la tormenta de la vida conlleva a tomar el timón y guiar hacia la calma. Pero, ¿Cómo hacerlo? ¿A quién dirigirnos? En el Evangelio de hoy, los discípulos estuvieron en medio de una fuerte tormenta y se asustaron, y llenos de miedo despiertan a Jesús. Enseguida vienen las preguntas: “Maestro ¿no te importa que nos hundamos? Él entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: Cállate, cálmate”. El viento se apaciguó y siguió una gran calma. Después les dijo: ¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe? (Marcos 4:38-40).

 

El susto de los discípulos, primero, de morir ahogados, y seguido, de ver quien era Jesús que hasta el viento y el mar le obedecían. Y Jesús, sorprendido de su falta de fe, a pesar de estar junto a él, les reprende su falta de confianza en Dios. Nosotros, también, hemos estado en situaciones difíciles en nuestra vida. El miedo y la incertidumbre al perder un ser querido, el trabajo, el de emigrar a otro país dejándolo todo. Pero, si creemos en Jesús, debemos de mantener siempre viva la esperanza, porque toda nuestra vida, queramos o no, está en manos de Dios. ¿De qué nos puede reprender Jesús ahora? ¿Cuáles son mis miedos más apremiantes?  Sea lo que sea, que nunca cese nuestra oración, porque al orar, Dios vendrá en nuestro auxilio y todo tipo de situaciones tormentosas serán manejables.

 

©LPi

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