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3er Domingo de la Cuaresma

Recientemente remodelaron la parroquia a la que pertenezco y quedó muy bonita. El párroco trataba de complacer a sus feligreses ya que opinaban en diferentes gustos. Ya saben, la gente opina siempre y muchas veces solo critican y no cooperan absolutamente en nada. El párroco hablaba de que el lugar sea una verdadera casa de oración. Un lugar de encuentro con Jesús. Un lugar donde los Sacramentos sean vida en los feligreses, especialmente la Eucaristía. ¿Cómo es tu parroquia? ¿Es un lugar de oración o se ha convertido en un lugar de negocios y de eventos sociales?  Será que Jesús nos puede decir como en su tiempo a los mercaderes y cambistas del Templo: “Saquen eso de aquí y no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado” (Juan 2:16).

 

Para tener más claro el mensaje del Evangelio de hoy, veamos lo que el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el número 593: “Jesús veneró el Templo subiendo a él en peregrinación en las fiestas judías y amó con gran celo esa morada de Dios entre los hombres. El Templo prefigura su Misterio. Anunciando la destrucción del Templo anuncia su propia muerte y la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación, donde su cuerpo será el Templo definitivo”. Los bautizados somos templos vivos de Dios. Entonces, ¿cómo nos cuidamos? Qué hacemos para mejorar el lugar que Dios merece en nuestra vida. ¡Urge que respondamos en esta Cuaresma a los impulsos del Espíritu Santo!

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